sábado 8 de enero de 2011

Querida Abuelita:


Aun que los recuerdos que tengo contigo son muy pocos, pocos para los años que tengo, mas no porque no existan, hoy quiero decir todo loq eu compartimos desde que tengo memoria hasta la ultima vez que te vi.


Recuerdos de mi niñez en tu casa no tengo casi nada, lo único que recuerdo es una discusión que tuviste con mi madre antes de que ella se marchara al trabajo, y que mas tarde tu decidiste que no podías cuidarnos a mis hermanos y a mi, me preguntaste donde vivía mi otra abuelita (mi mami, así le digo porque no le digo abuelita, pero esa es otra historia) y nos llevas ya por la tarde diciendo que no podíamos estar en tu casa por que no, para mi madre fue uno de sus peores disgustos, para mi fue un momento feliz, yo amaba ir a ese lugar te bese y te di las gracias.

Recuerdo que un tiempo en que la mala cabeza de mi papa hizo que se quedara sin trabajo, tu nos fuiste a ver haya tan lejos donde vivíamos, sola, algo enferma y casi perdida por que desconocías el lugar, pertenecías a una sociedad del adulto mayor, ahí te daban muchas cosas, y sin pensarlo dos veces fuiste a llevarnos despensa y llenar la casa de alegría.

En algún ir y venir de la vida volvimos a llegar a tu casa, no de visita, sino para quedarnos y esta ves no solo iba mi madre conmigo como aquellos tiempos que tenia escasos 2 o 3 años, íbamos todos, mi hermano, mi padre, mi mama y yo, eso porque mi otro hermano ya había hecho su vida.

De esos días, te recuerdo haciendo mil cosas a la vez yo era la ultima en salir de la casa, y como tu puerta daba justo a un costado de la mía, ibas puntual a tocar la puerta peor que un despertador del ejercito jajaja era terrible despertar de un sobre salto, pero se compensaba al verte llegar con un gran jarro de atole de masa, ese que tanto me gusta, que te quedaba tan rico, un enorme plato de arroz rojo que a nadie le queda como a ti, y alguna otra ocurrencia.

Recuerdo tus regaños por comer tan lento, por llegar tarde del trabajo, por no ser puntual en los masajes que le prometí a tu espalda y pies cansados, por irme tan lejos con las “amigas” por no pedir permiso, por no llevarte al mercado, por no estar sábado y domingo en casa, por el amigo que te caía mal porque era mucho mayor que yo, por regalarle el tiempo al negrero de mi jefe, por no tomarme dos jarros de atole, por ser tan buena con quien no lo merecía, decías.

Te recuerdo haciendo el atole, tomando tu lechita caliente, haciendo sopes o mole para que todos tus hijos se reunieran a degustarlo, te recuerdo torteando la masa, haciendo chilaquiles muy temprano en la mañana, recuerdo mi desayuno casi diario contigo en esos días, te recuerdo peleando con mis primos por esto y aquello, te recuerdo dandole ordenes a mi mama y a mis tias como cuando tenian 5 años, recuerdo tu suave piel, tu rostro tierno y agresivo a la vez, tu hermosa cabellera de plata, tus pasos ya lentos, tus bellas arrugas, y tus ojos cansados.

Te recuerdo y duele, pero tambien siento alivio.

TU NIETA.

0 Desvarios: