lunes 30 de agosto de 2010

Pergaminos en el cajón. Parte I.


Eran días lluviosos, ventiscas jugaban con el agua pintando las tardes de un color cada vez mas gris que iba intensificándose.

Ella cerraba las cortinas para no ver, no quería mas melancolía en sus días, había perdido tanto en tan poco tiempo, se sentía tan miserable, tenia que levantarse pese a su deseo constante de quedarse en la cama, debía hacer tanto, sin ganas de nada que a pesar de detestar un poco el sol, le pedía a gritos se asomara.

Hizo lo que era obligatorio y dejo de lado lo que no era necesario, cuando hubo un momento de tranquilidad, en el silencio, la bombardeo una explosión de recuerdos a los que les declaro la guerra, quiso detenerlos y no pudo estos siguieron haciendo la presa de todo, en su estado tan vulnerable fue imposible seguir luchando se unió a ellos, y en medio de tantos lloro las lagrimas que aun le quedaban después de estar tan seca.

Recordó todo, su niñez que había sido tan extraña, tan divertida y después tan sufrida, recordó su adolescencia y sus cambios físicos, la aparición de la atracción, recordó los amores inocentes, las extrañas sensaciones que no sabia de donde llegaban, sus gustos tan suyos que no comprendía y por tanto no podía compartir.

Suspiro… se estremeció… cuanto tiempo había pasado desde entonces.


Siguió recordando, y volvió a su mente la vez aquella en la que tubo que fingir amor para salir corriendo de aquella casa que era un infierno no placentero, recordó que iba a ser la anfitriona de una boda, de la que ella no estaba enterada, recordó que puedo haber dicho que si, y ponerle fin a sus tormentos, pero sabia que después era comenzar uno nuevo, ella, pese a las ataduras, ella era libre y lo quería seguirlo siendo.

Siguió recordando en las noches de soledad que tanto disfrutaba con la ilusión ferviente de sentirse acompañada, y con esa necesidad, recordó a aquel amor al que le había entregado todo su ser, con el que había dejado tirada la inocencia, con el que se había comido los mas grandes placeres, en varios y diferidos tiempos, pero de un solo bocado.

Sollozó lo que le quedaba de lágrimas, se llevo las manos a la cara, cerro los ojos implorando que se marchara.

No quería que el pasado se hiciera presente en forma de recuerdo, no en su momento de susceptibilidad tan vulnerable.

Pero este no hizo caso, no se fue siguió estando.

Continuara…


Escrito por: Missing.